FUNCIONARIOS
Mayo 5, 2007
Supongo que a unos les hará más gracia que a otros este vídeo. A mí, que soy funcionario, me parece divertido.
A los jóvenes liberales he de darles dos noticias, una buena y otra mala; la buena se desprende de un dato del que ellos, a través de su página Las juventudes liberales.org, se hacen eco: una reseña del diario El Mundo, según la cual dos de cada tres españoles menores de treinta años prefieren ingresar en el sector público a tener un contrato fijo en una empresa privada. ¿Y esa es la buena? Esa es la buena, porque el tercero es un joven liberal, lo que supone que son ya una tercera parte de la población joven española. La mala es que las cosas empeoran con la edad. Los mayores de treinta años ni siquiera aspiran a formar parte de la nómina estatal, autonómica, provincial o local. Ni te cuento a montar un negocio propio. Lo siento, chicos.
Al resto de personas, incluídos algunos compañeros funcionarios que sé que me visitan, decirles que este dato sale de una encuesta del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, ” mundialmente reconocido por sus brillantes trabajos”. O sea, tranquilos.
La reseña del afamado diario continúa, supongo que analizando la encuesta del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, por los siguientes derroteros: “las razones hay que buscarlas no sólo en la precariedad o la temporalidad de los empleos del sector privado, sino, sobre todo, en la idiosincracia de los españoles, quienes estudio tras estudio muestran su reticencia a cambiar de ciudad -aunque eso suponga rechazar un buen empleo- y su casi nulo espíritu emprendedor. Su sueño está en tener un empleo vitalicio con horario limitado y un sueldo medio. Es decir, funcionario”.
Podemos deducir del estudio científico del Insituto Valenciano de Investigaciones Económicas, o del análisis que de éste hace el afamado y prestigioso diario, pionero en el periodismo de investigación, entre otras aportaciones al anodino panorama de la prensa nacional, que los funcionarios somos reticentes a cambiar de ciudad (supongo que ni el Instituto valenciano ni el periódico han tenido en cuenta otra característica muy española: el papanatismo localista, que nos hace afirmar sin rubor que nuestro pueblo o ciudad es lo mejor del mundo), además de poco emprendedores y amantes de nuestro sueldo medio. Lo del empleo vitalicio y el horario limitado (otra vez lo de la vagancia) ni lo menciono, por ser tan evidente. Tampoco voy a detenerme en esas razones de “poco peso” que también cita la reseña. Es decir, la precariedad y la temporalidad en el empleo creado por el sector privado. Supongo que es algo que será tenido en cuenta y corregido por los jóvenes liberales cuando se conviertan en empresarios de éxito. Pero eso sí, si los jóvenes españoles menores de treinta años aspiran a tener LA MIERDA de sueldo MEDIO que gana un funcionario, es que además de ser comodones y papanatas a partes iguales, (es decir, creer que el lugar en el que uno ha nacido o se ha criado es lo mejor del mundo y tener las ambiciones a la altura del betún), algún afamado diario les suministra informaciones más falsas que un duro sevillano. O algo peor, son tontos de capirote. Pero también pudiera ser que el sector privado, tan orgulloso y ufano, propone al españolito medio unos empleos y unos salarios infumables. También pudiera ser esto. Y yo, aunque no me lo confirme el prestigioso y famosísimo Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, me inclino por ello. Por lo demás, decir que soy funcionario y estoy orgulloso de serlo. Es más, no me gustaría dejar de serlo y pasar a integrar la nómina de trabajadores del sector privado. Hoy cabe esa posibilidad, dependiendo de cómo evolucionen las cosas en mi actual destino. Pero si eso llegara a pasar, no sería por elección propia. Yo no envidio a los liberales, ni jóvenes ni veteranos, no deseo hacerlos funcionarios ni les acuso de que sus malas prácticas han convertido el mercado laboral español en una auténtica caca; de modo que espero de ellos la justa correspondencia y me gustaría que dejaran de dar la tabarra con sus paranoias antiestatalistas.
Ser funcionario, es decir, tener conciencia de lo que eso significa (servicio público), va más allá de la comodidad, del conformismo, de la ausencia de ambición, etc, es otra cosa; algo que los jóvenes o viejos liberales, aunque muchos de ellos provengan del sector público, no pueden entender porque para eso hay que estar hechos de otra pasta. Indudablemente contamos en nuestras filas con frustrados liberales, con funcionarios que no son conscientes de lo que son, que, aunque administrativamente están adscritos a la función pública, en el fondo reniegan de su condición. Son de esos que se pasan las horas, incluídas las laborales, pensando en negocios o proyectos que nunca llevaran adelante. Alguno puede que tenga la suerte de ser llamado por el PP o el PSOE e ingrese en la política. Entonces el funcionariado será más feliz, pues habremos dejado de tener entre nosotros a un frustrado, y los liberales habrán recuperado para sí a una oveja descarriada. Y todos contentos.
Entry Filed under: Actualidad, Convivencia, Política, sociedad. Etiquetas: Personal.
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1.
gonzalorobles | Noviembre 1, 2007 at 3:13 pm
Los funcionarios estamos acostumbrados a llevar sobre nuestros hombros, a cargar sobre nuestras espaldas, el peso de las ineficaces organizaciones a las que servimos. Los procesos no los definimos nosotros, sino que nos son impuestos por las distintas administraciones a las que hemos de “servir” a lo largo de nuestra vida. Y es que, cada vez que hay cambios , aun cuando este no sea profundo, es decir sin relevo de fuerzas políticas en el poder, se maquilla la administración. Pero la organización, procesos y modos o maneras de servir a los ciudadanos lo deciden en las alturas. Y no hay que perder de vista que en éstas hay personas que no tienen la más mínima voluntad de que el funcionario pueda hacer su trabajo en las mejores condiciones. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la política está interesada en la fracaso de lo público, al menos por parte de una de las dos fuerzas políticas dominantes, y eso incluye la gestión de la administración. Esta gente preferiría externalizarlo todo, privatizarlo todo…..
2.
jonkepa | Noviembre 5, 2007 at 1:21 am
Aunque ya comentamos este tema donde tu sabes, quiero decirte algo aquí que parece por el momento un lugar no intoxicado por ya sabes quien.
Yo he trabajado casi toda mi vida en el sector privado y unos pocos años en lo público con funcionarios sin serlo.
La ventaja de lo público es que una vez conseguido el puesto de trabajo como fijo es prácticamente imposible el perderlo, muy grave ha de ser la falta, pero muy grave como para que te expulsen; en cambio en el sector privado muchas veces por una nimiedad lo puedes perder. Por eso, tal vez, nuestros jóvenes prefieran menos dinero pero de por vida que mucho y estar expuesto a perderlo en cualquier momento.
Lo malo es que en la Administración pública, al menos en el sector que conozco, no siempre vale un buen examen, a veces es necesario un buen enchufe y te lo dice alguien que aprobando el examen correspondiente, no entró por falta de ese enchufe. Si lo hubiera tenido , hoy seguiría en activo y ganando una pasta gansa.
Más te contaría pero ya tendría que facilitar datos y eso, aún siendo cierto, sería un problema.
Saludos.
3.
quiron | Noviembre 12, 2007 at 8:21 am
Árdua tarea la del funcionario, siempre expuesta a la crítica y al desprecio, quzás porque demasiado a menudo se ha desempeñado su cometido no con ese afán de servcio público que comentas, sino por el puro institnto de seguridad de empleo.
Incentivar la innovacón y laparticipación en los procesos dotaría quizás de esa pizca de motivación que tan sencillo es perder, o dotar de una carrera clara al funcionario, al estilo de la GB en donde el prestigio de este colectivo es uno de los más altos de las escalas profesionales.
Spanish is different, incluso en esto.
Salut i €
4.
gonzalorobles | Noviembre 13, 2007 at 7:32 pm
Jon y Eduard, hacéis comentarios muy atinados. Jon, por ejemplo, habla del acceso a la carrera funcionarial, no siempre “límpio”. También se refiere a lo vitalicio del empleo, lo cual es cierto y hace, como él escribe, que los jóvenes prefieran la estabilidad, aún con menos salario, que la precariedad del sector privado. En cuanto a lo que escribe Eduard, decir que es cierto que en la administración hay personas que ponen el acento en la seguridad del empleo y es muy difícil ver en ellos vocación de servicio. Pero también los hay que llegaron a la administración para servir al ciudadano. Incluso hay quien ha seguido con esta vocación pese a que la administración o administraciones no lo entiendan, y confundan servir al ciudadano con servirse del ciudadano, incluído los funcionarios, a los que considera sus lacayos. Por eso hay quien ha potenciado la modernización de la administración y la carrera profesional del funcionario y, por contra, quien está muy interesado en la liquidación de estos servidores públicos. Hoy, Eduard, la administración se está renovando, hay innovación tecnológica, inversión en la formación del funcionario, hay un intento serio de hacer atractiva la carrera profesional del servidor público, de que éste pueda promocionar, etc, etc. Eso, si no es interrumpido, redundará en beneficio del ciudadano , porque al final el vuelva usted mañana, la vagancia, el pasotismo, el absentismo, la falta de motivación, etc, etc, pasarán a mejor vida y se llevarán por delante a un modelo de funcionario que no sirve ni para una administración ágil y eficaz ni para el ciudadano.
5.
Ricardo Mena | Enero 2, 2008 at 5:34 pm
El ser humano, compuesto de billones de células de ADN, se mueve por el deseo de supervivencia, por lo que podemos declarar sin falsedad que todo ser vivo lucha por mantenerse en su ser (Spinoza).
Sin entrar a valorar las causas que impulsan a un ser humano a hacerse funcionario (por orden de importancia, por ejemplo, estarían la seguridad del sueldo fijo y la comodidad del horario para poder emplear el resto del día en asuntos privados), un funcionario lucha por mantenerse funcionario a toda costa, por lo que si, cambiar el sistema, le supone perder su ser como funcionario, no lo hará si no tiene nada mejor.
Así, como la superestructura no depende de sus resultados obtenidos (como en la empresa privada) ya que no tiene competencia, lo natural (i.e. lógico y normal) es que el funcionario intente subir en la pirámide según las reglas impuestas, esto es: por amistad o nepotismo (v.g. enchufismo), lo cual contrarresta cualquier incremento de la eficiencia de las instituciones.
Conclusión: no hay un funcionario bueno o malo, sino un funcionario realista y otro idealista.
El que sea idealista se habrá equivocado de puesto de trabajo; para los idealistas están los trabajos de literatura, filosofía, pintura, o las sacerdotales.
El que sea pragmático o realista (con altas dosis de naturalismo darwinista) se habrá adaptado al medio, y se reproducirá con solvencia.
La única forma de mejorar una institución funcionarial es cambiar sus reglas internas (v.g. desnaturalizarla) o privatizarla. Si privatizas una institución, la conviertes en más eficiente conforme a los parámetros de la competencia de mercado. Ejemplos de si esta privatización mejora o no el servicio, los encontramos en la política de la Unión Europea en cuanto al sector energético, telefónico, o en la misma liberalización aduanera entre los países miembros.
No obstante, esta privatización no obsta para que surjan monopolios encubiertos o acuerdos entre empresas que, para incrementar el margen de beneficio para fijar unos precios mutuos mínimos, perjudican al consumidor final.
Pero eso es normal: no olvidemos que las sociedades humanas, como las descritas por E.O. Wilson para con las hormigas, se estructuran con desigualdades. Mejorar esto a base de reduciar las distancias entre los privilegiados y los sojuzgados, es el ideal de todo liberalismo político, y el reto de todo Estado que quiera reducir su gasto público.
Ser funcionario es una opción que favorece a muchas mujeres, por otra parte; por su propia idiosincrasia, las mujeres son muy buenas para memorizar, para ser pacientes, para tener paciencia, para trabajar en un horario medio, y cuidar de sus hijos propios. Quiero decir que el funcionariado facilita el trabajo de la mujer madre de familia (sólo hay que visitar cualquier juzgado, para contar el número de mujeres que trabajan en ellos).
El hombre, por su parte, es un humán más agresivo, más violento (la testosterona es la causa), más arriesgado. Todo esto puede ser una consecuencia de la evolución, en donde las mujeres cuidaban de la aldea, mientras los hombres cazaban. Sea como fuere, tanto lo público como lo privado, requieren de un estudio de mercado particular y específico, aunque, hoy por hoy, se atisbe que toda competencia mejora el servicio final al consumidor o ciudadano. El tiempo, la economía, y la evolución dirán si el funcionario se extinguirá o no en el futuro.
6. Automobile | Mayo 8, 2009 at 3:51 am
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