EL SENTIDO DE LA VIDA PARA UN CRISTIANO

Diciembre 26, 2007

Me he pensado dos veces el título de este artículo, así como alojarlo o no en mi blog. El tufillo que desprende hoy la palabra cristiano puede desanimar o hacer pasar de largo, sin echarle un rapido vistazo siquiera, a los posibles lectores. Incluso provocar equívocos. Yo no soy cristiano, aunque sí lo sea técnicamente. Es decir, fuí bautizado en su momento. Pero ni practico ni creo. No obstante, considero que un teólogo como HANS KÜNG merece figurar en este blog. Y es por ello que transcribo un pasaje de su obra CREDO. Es el que sigue:

Hay que preguntarse si el sentido de la vida, la felicidad, una vida plena, se encuentran solamente en el trabajo, en los bienes materiales, el lucro, el triunfo profesional, el prestigio, el deporte y el placer. El ansia de dominio, el deseo de placer, la obsesión del consumo ¿pueden dar la felicidad a una vida humana, con todas sus tensiones, rupturas, conflictos? No nos llamemos a engaño: el ser humano es algo más, eso lo sabe todo aquel que ha llegado a los límites de todas sus actividades. Esa persona se ve confrontada entonces con la siguiente pregunta: ¿qué soy yo cuando ya no puedo rendir, cuando soy incapaz de realizar ninguna actividad? Debemos, en efecto, estar alerta para que las constricciones de la técnica y la economía, para que los medios de comunicación, que dominan de forma creciente nuestra vida diaria, no nos hagan perder nuestra “alma”, nuestra existencia como sujeto personal y responsable. Debemos estar alerta para no convertirnos en puro instinto, en puro placer, en puro poder, en hombres-masa, y tal vez en pura inhumanidad. La meta irrenunciable será conseguir ser auténticamente hombre, auténticamente humano. Auténticamente humano: tal podría ser la descripción elemental, lapidaria, del sentido de la vida que podrían compartir hoy hombres de la más diversa procedencia, nacionalidad, cultura y religión.

¿Y el cristiano? ¿La existencia cristiana no es algo más que la existencia humana? Pero los cristianos no ponen hoy en duda que un cristiano haya de ser auténticamente hombre y luchar por un mundo humano, por la libertad, la justicia, la paz y la conservación de la creación. Lo cristiano nunca ha de implicar menoscabo de lo humano. Ser cristiano no es “más” que ser hombre, en sentido cuantitativo; los cristianos no son superhombres. Pero lo cristiano sí puede implicar la ampliación, profundización, arraigamiento, más aún, radicalización de lo humano, al basar esa calidad humana en la fe en Dios y al tener como modelo de vida a Jesucristo.
Visto así, el cristianismo puede ser entendido como un humanismo perfectamente radical que, en esta tan contradictoria vida humana, en esta sociedad tan conflictiva, no sólo da su asentimiento a todo lo verdadero, bueno, bello y humano, como se decía antes, sino que también abarca inevitablemente valores no menos reales: lo no-verdadero, no-bueno, no-bello, incluso lo no-humano. El cristianismo no puede eliminar todos esos valores negativos (sería una funesta ilusión que, haciendo caso omiso del hombre como tal, implicaría la forzosa obligación de ser feliz), pero sí puede combatirlos, conllevarlos, transformarlos. En resumen, ser cristiano significa practicar un humanismo que consigue asimilar no sólo todo lo positivo sino también todo lo negativo: sufrimiento, culpa, carencia de sentido, muerte, y eso debido a una última e inquebrantable confianza en Dios, una confianza que se basa no en los propios méritos, sino en la misericordia divina.
¿No será esto también una ilusión ajena a la realidad? No: esto ya lo vivió quien ha de ser guía de los cristianos, “el camino, la verdad y la vida”(Jn 14,6), y que lo vivió con esa fundamental radicalidad de lo humano. Sobre esa base religiosa deber ser posible alcanzar la propia identidad psíquica, liberándonos de la angustia, pero también la solidaridad social, liberándonos de la resignación causada por las servidumbres objetivas. Más aún: con esa fe que confía debería ser posible hallar un sentido a la vida incluso allí donde tiene que capitular la razón pura, en vista del sufrimiento absurdo, de la miseria inconmensurable, de la culpa imperdonable. En otra ocasión he resumido lo esencial del cristianismo en una breve fórmula que desde entonces me ha ayudado a caminar por una vida de penas y alegrías, de éxito y dolor:

Siguiendo a Jesuscristo el hombre puede, en el mundo de hoy, vivir, obrar, sufrir, morir, de modo auténticamente humano, en la dicha y la desdicha, en la vida y en la muerte, sostenido por Dios y ayudando a los hombres.

El credo también apunta, en último término, a un nuevo sentido de la vida y a una nueva manera de obrar, a un camino alimentado por la esperanza, basado en la fe y consumado en la caridad. Fe, esperanza, caridad: esta fórmula puede resumir, para un cristiano, el sentido de la vida, “pero la mayor de todas es la caridad” (I Cor I3,I3).

COMPLETO EL ARTÍCULO CON EL MISMO AUTOR Y LA MISMA OBRA, PERO REFERIDO AHORA A LA OTRA CARA, LA MUERTE, QUE LOS CRISTIANOS, O SE SUPONE, TOMAN NO COMO UN FINAL SINO COMO EL PRINCIPIO DE ALGO NUEVO QUE VENDRÁ.

Indudablemente, sobre nuestro propio comportamiento a la hora de la muerte no vamos a hacernos, pese a todo, muchas ilusiones. Quien habla, hoy y ahora, lleno de valentía, puede enmudecer de miedo cuando le toque morir a él. Quien está erguido, que se cuide de no caer: empezando por los teólogos. Cada uno de nosotros tiene que morir su muerte propia y personal, con sus angustias, con sus temores y esperanzas. Y es, realmente, una vergüenza para la humanidad de finales del siglo XX (principio ya del XXI) que año tras año mueran de una muerte atroz, a veces lenta, a veces abrupta, millones de personas, a consecuencia del hambre o de la guerra, de la injusticia social y de violencias de todo género.

Por otra parte, en nuestra sociedad del bienestar la muerte presenta otro orden de problemas muy distinto: lo que muchas personas viven cada vez más como una carga, y no como un beneficio, es la prolongación artificial de la vida. A la vista de esta posibilidad, inimaginable en tiempos pasados, de prolongar la vida -aunque, por otra parte, muchas veces sólo se trate de una vida vegetativa- tomamos progresivamente conciencia de una dimensión totalmente nueva de la responsabilidad humana: la responsabilidad de la propia vida incluye también la responsabilidad de la propia muerte. La vida humana es, ciertamente, un regalo de Dios, pero también, conforme a la voluntad de Dios, una tarea para el hombre. La vida es, ciertamente, “creación” de Dios, pero, conforme a la misión encomendada por Dios, también responsabilidad para el hombre. El hombre tiene que perseverar, ciertamente, hasta el “final dispuesto“, pero ¿qué final le ha sido dispuesto? Y la “devolución prematura” de la vida es, ciertamente, un “no, del hombre al <si> de Dios, pero ¿qué significa, a la vista de una vida aniquilada física y/o psíquicamente, “prematura?

La cuestión de “ayudar a morir” no se plantea porque la vida del recién nacido no viable, del enfermo incurable o que ha perdido difinitivamente la conciencia sea “indigna de ser vivida”, o, menos aún, “inhumana” sino al revés: precisamente porque el hombre es y sigue siendo hombre en todas las circunstancias, tiene derecho a morir con dignidad humana. Y tal vez se le niegue ese derecho cuando se le tiene colgado todo el tiempo de unos aparatos o se le administran sin cesar medicamentos, o sea, cuando sólo se le da la posibilidad de vegetar, de llevar una existencia vegetativa.

Cuanto mayor va siendo la posibilidad de dirigir los procesos vitales, tanto mayor es la responsabilidad que le incumbe al hombre, y esto tiene como consecuencia un cambio, evidente en nuestra sociedad, en la conciencia de normas y valores, sobre todo en lo que se refiere al comienzo y al fin de la vida humana. Antes, muchos moralistas interpretaban y rechazaban el control activo, “artificial”, de la natalidad, por considerarlo un rechazo de la soberanía de Dios sobre la vida, hasta que comprendieron que Dios también ha sometido a la responsabilidad (no a la arbitrariedad) del hombre el comienzo de la vida humana. Ahora, con los fantásticos progresos de la medicina, nos hacemos cada vez más conscientes de que también el final de la vida humana ha sido puesto bajo la responsabilidad (no arbitrariedad) del hombre por ese mismo Dios que no quiere que le hagamos tomar a él una responsabilidad que podemos y debemos asumir nosotros.

Por eso, la discusión sobre el “ayudar a morir” (eutanasia pasiva) debe ser llevada, por lo menos para el creyente, a un plano superior: quien está convencido de que el hombre, al morir, no pasa absurdamente a la nada, sino a una última y primera realidad, quien está convencido de que la muerte no es un “mutis” carente de sentido, una desaparición, sino una entrada, regreso, asumirá su propia responsabilidad -como paciente o como médico- con menos angustia y menos nerviosismo.

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10 Comments Add your own

  • 1. gonzalorobles  |  Diciembre 26, 2007 at 9:01 pm

    “En la lucidez incandescente de la conciencia cósmica se esconde la promesa de la armonía, la sabiduría y la felicidad. Solo en comunión con esa gran realidad que nos sobrepasa y nos incluye podemos acceder a planos superiores de empatía, alegría y lucidez. Y solo desde ese nivel de sabiduría podemos encarar los problemas de nuestra vida personal, de la sociedad humana en general y de la biosfera entera con la esperanza de solución fundamental. La ciencia sin mística corre el riesgo de quedarse en mera gimnasia metodológica. La mística sin ciencia fácilmente degenera autoengaño y superstición. Solo la jugosa conjunción del conocimiento científico con el sentimiento místico nos permite aspirar a alcanzar aquel estado de exaltación lúcida y plenitud vital en que consiste la comunión con el Universo. Sintonizar con el Universo, sentarnos en el trono de Dios, acompasar el pálpito de nuestro corazón a un latido divino, ¿que más se puede pedir? También estas posibilidades forman parte de la naturaleza humana”.

  • 2. siquemyasser  |  Febrero 7, 2008 at 9:08 pm

    Mientras más nos acercamos a Dios, mas descubrimos lo que somos realmente.

    me parece muy bien el escrito de Kung, aunque habrá que definir que se entiende por humanismo
    saludos!

  • 3. gonzalorobles  |  Febrero 7, 2008 at 9:33 pm

    Bienvenido a mi rincón. Está muy bien traída la cuestión de definir el humanismo. No es fácil. Yo he oído hablar del humanismo cristiano, que debe ser un humanismo influenciado por la creencia o por la fe en Jesucristo, en sus enseñanzas, en su ejemplo. Para mí el humanismo, sin etiqueta alguna, está definido en el comentario número 1.

    Saludos y felicidades por tu blog.

  • 4. siquemyasser  |  Febrero 8, 2008 at 2:49 am

    Muchas gracias, si como te decia el humanismo crsitiano se centra en Dios y no en el hombre mismo ¿Porqué? quien va a saber mas acerca del hombre sino el que lo hizo, jeje.. en Jesús se muestra digamos el hombre perfecto, mientras mas nos acercamos a él mas a nos acercamos a nosotros mismos incluso como seres individuales y particulares que somos, muy buen post saludos!!

  • 5. feli  |  Abril 10, 2008 at 1:56 am

    FUCHIIIIIIIIIIIIIIIIII

  • 6. feli  |  Abril 10, 2008 at 2:06 am

    guacala eso definitivamente es estar muy desocupado

  • 7. andre  |  Mayo 30, 2008 at 4:35 pm

    lalalalalalalalalalalalala
    no entiendo xq paso ella era buena amiga y compañera
    la extrañare mucho

  • 8. Alberto  |  Octubre 21, 2008 at 11:02 pm

    Alberto
    A proposito de el exacto sentido de la vida o el sentido puntual de la vida
    (el sentido exacto de la vida)

    Hi. Se que si el moderador de esta pagina no tiene
    voluntad de ver otras opiniones jajaja me a va a
    censurar.Les comento que asi no mas, nadie esta
    en capacidad de responder la pregunta del sentido
    de la vida.Ni siquiera los libros.De todas formas es
    loable que algunos intenten opinar sobre este tema.
    Lo que SI se debe hacer y pronto es comenzar a
    investigar academicamente mas acerca del tema
    pero de manera profunda. Que muchisima gente lo
    haga por separado para que cada quien desde
    sus propios cuadros pueda aportar a este debate.

    Yo se de becas internacionales completas(sin
    importar la edad)en un pais andino muy especial,

    curioso y bello para hacer posgrado en cualquier
    area que pueda dar luces sobre el sentido de la
    vida.Doy estas info porque a mi me gusta conectar
    la gente a las soluciones de los temas que les
    agobian como es este. Son becas que se vencen
    pronto y son faciles de obtener. Obviamente no
    cuesta nada. Realmente en este tema mucha
    gente especula ,inventa , opina pero del sentido
    real de la vida no se puede hablar asi no mas.

    Sabios orientales dicen que es un tema que hay
    que dedicarle muchas investigaciones cientificas.
    Hay mucha gente floja para pensar de maneras
    diferente y de trabajar duro academicamente por
    este tema que requiere el esfuerzo de todos.
    Como cuando la humanidad necesita saber una
    vacuna para prevenir algo , se necesitaque mucha
    gente se dedique a hacer investigaciones para
    desde muchas areas ( filosofia, antropologia ,
    sociologia y muchas mas) tratar de saber lo que
    realmente venimos a hacer a este mundo.

    Escribanme: suramerica-linda*ARROBA*hotmail.com
    chaval1979*ARROBA*hotmail.com

  • 9. gonzalorobles  |  Diciembre 6, 2008 at 8:42 pm

    Bueno, el administrador de esta página, que soy yo, no censura. El artículo no va del sentido de la vida, sino del sentido de la vida para los cristianos. He tomado una parte del libro CREDO de Hans Küng, que me parece que puede servir de punto de partida. Sin embargo, cada cual puede decir la suya, sea o no cristiano.

  • 10. YAZMIN  |  Mayo 16, 2009 at 7:53 pm

    Para mi que el cristianismo tiene mucho que ver en la vida del ser humano ya que en las iglesias les enseñan lo bueno y lo malo para que las personas agan consienciencia y se den cuenta de cuan importante es Dios en la vida de cada uno de nosotros quien mejor para entendernos que nuestro creador que nos dio la vida.

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