LA ROPA INTERIOR, UNA CUESTIÓN CULTURAL Y PSICOLÓGICA

fuente: PENSAR con el cuerpo (Jader Tolja y Francesca Speciani).

Además de obstaculizar el paso del aire, la ropa interior -como cualquier prenda que lleve elásticos- representa un impedimento no sólo para el drenaje linfático, sino también para el movimiento uniforme de la franja conectiva, el tejido continuo que en el cuerpo vincula cada parte con el resto y que es en gran parte responsable de la integración y la sensualidad de los gestos. Si se usan calzoncillos de corte horizontal, el esquema corporal registra un tipo de interrupción a la altura de la ingle y de la cintura que separa las piernas del tronco.

Aunque no siempre es fácil darse cuenta, es una sensación muy clara para quien trabaja con el cuerpo y es accesible a quien le preste un poco de atención. En cambio, cuanto más corto es el calzoncillo, más integrado es el movimiento de la pierna con el tronco, en el interior de un sistema contralateral -por lo que cada movimiento de la pierna izquierda pasa en diagonal por el tronco hasta provocar un desplazamiento del hombro derecho y viceversa- que es el más eficiente desde el punto de vista de la distribución del trabajo.

El psoas (el poderoso músculo que conecta la pierna a la parte inferior de la columna) está, por lo tanto, libre de trabajar, permitiéndole a toda la columna vertebral participar fluidamente en cada movimiento. Cosa que no se verifica tan fácilmente si la pelvis está fajada con un par de calzoncillos consistentes o cortados por un elástico horizontal.

No es casual que los movimientos físicos de poblaciones como las brasileñas o caribeñas donde la preferencias de lo íntimo están ligadas a prendas más pequeñas, ligeras o anchas, sean tan distintos de las poblaciones que utilizan sobre todo ropa interior alta. Con algo de experiencia, se vuelve fácil intuir qué tipo de separaciones o conexiones presentará un cuerpo en países distintos, simplemente observando el tipo de ropa interior que se vende en los grandes almacenes. La eliminación del objeto en sí, y en cierta medida su reducción, puede resolver en muchos casos un corte horizontal del esquema corporal y algunos de los problemas a los que están conectados.

A nivel corporal se observa frecuentemente cierta proporcionalidad entre el tamaño y la adherencia de la ropa interior usada y las tensiones musculares presentes en la pelvis. Por un lado, los dos hechos se asocian de manera espontánea como respuesta a las estrategias individuales. No sólo usar ropa interior grande y ajustada induce a tener la pelvis más cerrada, sino también que cuanto más se tiende a cerrar muscularmente, emotivamente o energéticamente la zona más cercana a los instintos básicos, más se busca ropa interior importante. Una mujer, por ejemplo, podría sentir la necesidad de usar un vasto arsenal de bragas y medias para protegerse psicológicamente de la invasión real o imaginaria que atribuye a los hombres. Cualquier estrategia que ayude a mantener cierto tipo de distancia -cuando se siente la necesidad- es oportuna e importante. Para otros, en cambio, reducir la prenda íntima o eliminarla del todo podría representar la caída de la última barrera destinada a proteger una frontera ya vaga.

Para darse cuenta directamente de cómo el problema de la ropa interior no es tanto una dinámica higiénica como emocional, es suficiente con proponer este asunto a un grupo de amigos y observar sus reacciones. Si se hace, casi seguramente vais a recoger muchas opiniones discordantes, como es obvio desde el momento en que nadie tiene una verdad válida para todos. Pero es interesante observar el tipo de reacción emocional que genera la cuestión en las personas. Si se notan reacciones encendidas, enojadas, molestas, rígidas, agresivas o de alguna forma cargadas emocionalmente, podéis estar seguros de que el tema, más allá de su validez teórica, es fuente de ansiedades profundas.

Sin embargo, si se tratase exclusivamente de un problema técnico, expresarían sus dudas sin un compromiso emocional concreto, como ocurre cuando se hacen afirmaciones del tipo: “La lana protege del calor mejor que el algodón“, que quizás puede generar pareceres que contrastan pero no vivencias emocionales relevantes.

Prescindir de la ropa interior, por otro lado, tanto para una mujer como para un hombre puede ser realmente traumático: no se pueden saltar por encima siglos de condicionamientos culturales sólo por voluntad. En cambio, puede ser interesante observar ciertas relaciones entre cultura, cuerpo y emotividad. En el fondo, hace tiempo se pensaba que el mundo terminaba en las Columnas de Hércules. Luego se entendió que no era precisamente así, pero el hecho de saberlo no implicaba que fuese un deber aventurarse más allá de aquella frontera. A lo sumo, que el mapa se convirtiese, en aquel punto, en un mapa más realista que el anterior.

4 comentarios to this post.

  1. Nunca me hubiera imaginado que la forma y modo de ponerse unos gayumbos diera para estas reflexiones.
    Lo tendré en cuenta.
    Me ha gustado lo de “deprimidos”.

    Saludos.

  2. Gracias Jon. La verdad es que el título no tiene mucho que ver con el artículo en sí, pero bueno… Y lo de la ropa interior, ya ves. La verdad es que el libro PENSAR CON EL CUERPO es recomendable desde la dedicatoria: A Sandra y Bruno, nuestros compañeros de vida, sin los cuales este libro hubiera salido tres años antes.

    Saludos.

  3. Pues decid lo que querais, pero una braga de algodon, que sea comoda, aparte de higienica es necesaria, ¿como te vas a poner unos tejanos con el costuron que llevan sin unas bragas?¿como te vas a poner unas medias de fibra sin el descanso de una braga de algodon debajo?

  4. Preguntas contundentes, Rosa. No puedo responderlas, obviamente, pero si conoces a alguna chica brasileña podría orientarte, ya que en ese pais sus mujeres son especialistas en reducir a su mínima expresión el tamaño de la ropa interior.

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