SENTIMIENTOS MORALES Y RELACIONES DE RECIPROCIDAD, BASES DE LA ECONOMÍA
Junio 16, 2008
FUENTE: LA NATURALEZA HUMANA (JESÚS MOSTERÍN)
Según Hume, las dos emociones morales básicas son el amor a uno mismo (self-love) y la compasión o simpatía por los otros.
El amor a uno mismo se manifiesta al nivel del egoísmo y de la racionalidad individual. La racionalidad es la estrategia para maximizar la consecución de nuestras metas y la satisfacción de nuestros intereses. La teoría de la racionalidad individual tiene una formulación matemática precisa en la teoría de la decisión, con ramificaciones en la teoría de juegos y en la programación lineal. Constituye la base de la teoría económica. Cuando delibero sobre lo que hacer, lo primero que tengo en cuenta es cómo mi acción me afectará a mí mismo, a mis valores, metas e intereses. La preocupación por mi propia salud, bienestar, seguridad, trayectoria profesional y desarrollo intelectual entran en este nivel, que forma parte de la noción misma de cordura. Si me olvido continuamente de mí mismo, actuaré de un modo irracional, como un loco, un borracho o un héroe fanático, pero no como un agente reflexivo con una conciencia moral despierta y equilibrada. Y, desde luego, ninguna regla de oro del estilo “ama a los demás como a ti mismo” es atractiva en boca de quien no empieza por amarse a sí mismo. En cualquier caso, el amor a uno mismo corresponde a un poderoso impulso biológico hacia la supervivencia. Los animales que mueren jóvenes no transmiten sus genes; solo los supervivientes lo hacen. Nosotros descendemos de una larga dinastía de supervivientes.
La otra emoción moral señalada por Hume es la compasión. La com-pasión (en griego, sym-pátheia, simpatía) es la capacidad de ponerse imaginativamente en el lugar de otra criatura capaz de sufrir y de padecer con ella, de com-padecerla. Los animales no humanos quedan a veces fuera del paraguas de la protección jurídica, pero son objeto de compasión, pues es obvio que pueden sufrir. Como señala Francis Crick, los únicos autores que dudan del dolor de los perros son los que no tienen perro. Aunque los animales no humanos no sean agentes morales, son pacientes morales, pues sufren los efectos y pagan el pato de muchas de nuestras acciones. En la tradición oriental de la ética, la compasión desempeña el papel central. Budistas y jainistas consideran que la a-himsa (la no-violencia, el no dañar ni hacer sufrir a las criaturas) es la suprema virtud moral.
El amor a los parientes y la preocupación por la propia familia es una extensión del amor a uno mismo. Tienen que ver con el amor a los propios genes, de los que también son portadores los parientes cercanos, sobre todo los hijos. Los padres con frecuencia asumen notables sacrificios de tiempo, energía y dinero para criar y educar a sus hijos, sin esperanza alguna de reciprocidad. A menudo actúan en interés de sus hijos y, aunque en menor medida, también de hermanos, primos y sobrinos. Esta conducta tiene una obvia base biológica, enraizada en la selección por parentesco, pero se refleja también en nuestra conciencia moral. El amor a nuestros parientes a veces entra en conflicto con nuestros propios intereses o con nuestro sentido de la justicia y la imparcialidad en las relaciones sociales. Muchos sistemas políticos han tenido que adoptar disposiciones específicas para tratar de limitar el nepotismo en la esfera pública. En efecto, nuestra toma de decisiones es compleja, y a veces consideraciones diferentes tiran de nuestra conciencia moral en direcciones opuestas. La tarea de la ética consiste en iluminar esos conflictos, no en ignorarlos.
También el altruismo recíproco y en cierto modo el sentido de la justicia aparecen en nuestra conciencia moral como sentimientos anclados en la biología. Incluso los infantes tienen algún sentido de la justicia, de la imparcialidad, del juego limpio y del mutuo beneficio, como se comprueba en los juegos e intercambios entre ellos. En cualquier caso, el tejido entero de nuestra sociedad y economía está basado en la inmensa red de relaciones de reciprocidad. Los ciudadanos respetan la vida y propiedad de los demás, a condición de que los demás respeten la suya. El cocinero del restaurante prepara la comida para mí, suponiendo que luego yo le voy a pagar la cuenta. En general, las transacciones basadas en la división social del trabajo presuponen una tupida red de obligaciones recíprocas.
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