FUENTE: LOS AMOS DE LA GLOBALIZACIÓN (NÚRIA ALMIRON)
Este texto que les ofrezco tiene 6 años, pues la primera edición de la obra de Núria Almiron es de mayo de 2002.
No, la globalización no es sólo lo que representa el Foro de Davos. Aunque este foro económico mundial, creado hace más de tres décadas, sigue fiel a sus principios: servir de punto de reunión y de exhibición de los líderes globales y de su ideología neoliberal. Y, sí, la globalización es un proceso irreversible. Lo que no es irreversible es el tipo de globalización que se está imponiendo. La globalización es un hecho al que no cabe discutir, existe lo aceptemos o no, pero la globalización que se propone en Davos (en Nueva York en el 2002) no es la única globalización posible.
La globalización única que impone el discurso de la Sociedad de la Información que nos inoculan a diario medios de comunicación, líderes políticos y magnates de los negocios es una globalización totalitaria: o se está con ella o no se está. No hay alternativa a la riqueza que genera la aplicación de los preceptos de la teoría liberal más clásica y que podríamos resumir en la máxima “el comercio libre y sin fronteras es un factor de desarrollo y progreso permanente”. Pero ¿por qué entonces, siguiendo las doctrinas de estos preceptos, no hace más que aumentar la divisoria (ahora también digital) entre ricos y pobres? Simplemente porque esta teoría también es pura ideología: sólo es la justificación pseudoempírica que los países ricos necesitan para mantener su posición privilegiada. En el seno de esta teoría es donde nace la mitificación reciente de Internet y las nuevas tecnologías como fines para conseguir mejorar la sociedad. Es fácil mitificar a la Red, pero ésta no es un fin, sino sólo un medio cuyo sustrato está tan jerarquizado como el que más. Los amos de la Red son, al fin y al cabo, los mismos de siempre; son los creadores de la ideología de la Sociedad de la Información y los amos del proceso de globalización totalitaria en cuyo seno florece esta ideología. Los amos del mundo utilizan Internet para los propósitos de su globalización única y ésta, a su vez, impulsa el desarrollo de la Red (todos los procesos mundializadores de la historia de la humanidad han tendido a construir redes y a alimentarse de éstas para mantener su hegemonía). Pero la globalización totalitaria aporta más destrucción que beneficios y es excesivamente desequilibradora porque es una globalización que no exporta ni derechos ni oportunidades. La Sociedad de la Información empezada a esbozar por ella es tan injusta y desigual como la sociedad industrial y postindustrial que la antecede. Por ejemplo:
- La internacionalización de los capitales y de parte de la producción del Primer Mundo no se produce para una mejor distribución de la riqueza planetaria, obviamente, sino simplemente para una reducción de los costes de las empresas transnacionales: la incipiente (y mísera por sus precarias condiciones) industria tecnológica surgida en países en vías de desarrollo no hace más ricas a sus poblaciones como demuestra Naomi Klein en su larga investigación para No-Logo (Klein, 2001). Esta externalización de la producción de los países ricos a los pobres no redistribuye la riqueza sino sólo la miseria, porque su único objetivo es que las multinacionales del Primer Mundo mantengan sus beneficios.
- En los propios paíser ricos el long boom (el largo período de crecimiento ininterrumpido de la economía) ha concluido con grandes crisis para algunas compañías, pero los grandes perjudicados, a pesar de los lamentos de sus ejecutivos y accionistas, siempre son sus empleados. La reducción de plantilla se viene usando como una estrategia de reducción de costes, aún cuando los resultados de las compañías ofrecen beneficios, porque se sabe que ello repercute directamente en las cotizaciones bursátiles, que aumentan. Despedir puede dar más beneficios que crecer o aumentar las ventas.
- La mayor flexibilidad del empleo se traduce en una terrible precarización del trabajo. La volatilidad de los mercados y la inseguridad financiera en la que viven inmersas las compañías no permiten ninguna estabilidad en el empleo: los nuevos profesionales de la industria de la Sociedad de la Información son la clase trabajadora con mayor movilidad e inestabilidad imaginables. Se ha pasado del “trabajo para toda su vida” a “estar en la cuerda floja para toda la vida”. No se puede construir nada sobre la destrucción permanente.
La externalización, las crisis post long boom y la mayor flexibilización del empleo se venden como modernidades con grandes beneficios: externalizar beneficia a los países en desarrollo, las crisis ponen los mercados financieros en su sitio (y devuelven algo de estabilidad a los mercados) y la flexibilidad permite adaptarse mejor al cambio a las empresas y da mayor movilidad a los empleados. Es cierto, pero para cada caso en que ello es así podemos encontrar decenas en que no lo es. Por regla general, las grandes beneficiadas de la externalización son las transnacionales del Primer Mundo, no la población de los países en desarrollo. Es más, las multinacionales no resuelven los problemas de desempleo en ningún siti. Susan George lo recordaba en El informe Lugano: en comparación con su tamaño y sus ventas, las transnacionales ofrecen un número escasísimo de puestos de trabajo y en las últimas dos décadas sus beneficios no han dejado de crecer a la par que reducían drásticamente sus plantillas. Es lógico: se deben a los propietarios del capital. Por ello algunos reclaman soluciones “superiores”, como la imposición denominada Tasa Tobin, cuyo objetivo sería gravar con impuestos el dinero especulativo de los mercados financieros.












