OTRA GLOBALIZACIÓN ES POSIBLE. JUNTOS PODEMOS

FUENTE: LOS AMOS DE LA GLOBALIZACIÓN (NÚRIA ALMIRON)

Segunda entrega:

Los grandes perjudicados de las crisis son, sin duda y siempre, los trabajadores a los que, ahora, abocados a una gremialización neofeudal, se les exige crecientemente que se especialicen y funcionen autónomamente para contratarlos sólo cuando se les necesita. En realidad, esta práctica, que lleva funcionando desde siempre para algunos sectores (como en el cine o el teatro) supone una nueva estrategia de reducción de costes para las empresas de la Sociedad de la Información y no una exigencia de su funcionamiento intrínseco. En efecto, de los beneficios de la flexibilidad laboral sólo goza una élite muy minoritaria de profesionales altamente cualificados y muy escasos en número. Son a este tipo de profesionales a los que se refieren las estadísticas que amenazan con un futuro con miles de puestos de trabajo sin cubrir en la industria de la Sociedad de la Información. Las otras estadísticas, las de los despidos, se refieren a masas de comunes mortales no especializados: sólo en el 2001 en Estados Unidos se dejó a más de un millón de ellos sin empleo (medio millón de los cuales procedía de la nueva industria de Internet).

Mientras tanto, nuestras cadenas de cafés y de tiendas de ropa están siendo “invadidas” por jóvenes no europeos y con los acentos más diversos, hispanos y asiáticos en su mayoría. Estas oleadas de nuevos empleados dejan sin trabajo a una joven poco preparada clase trabajadora en los países del Primer Mundo que se irrita profundamente contra los nuevos inmigrantes por su miseria (aceptan condiciones laborales inferiores; por eso les contratan), cuando en realidad debería irritarse por la miseria propia (su inmovilidad, o quizás deberíamos llamarlo inmovilismo, en unos tiempos en que la peor cualidad que se puede tener es la intolerancia al cambio y la insolidaridad).

Frente a esta globalizacion, la que impone un mundo de desheredados que genera profundas tensiones sociales incluso en el Primer Mundo, existe otra globalización. Aquella por la que luchan los mal llamados movimientos antiglobalización (o eso debieran hacer). Es ésta una globalización alternativa y crítica con el Sistema. Una globalización que también es utilizada ideológicamente por algunos, que la enarbolan como bandera que justifique una rebeldía violenta y sin causa; gratuita, porque si tuviera algo qu decir de verdad no lo haría rompiendo los escaparates de las hamburgueserías del Sistema sino haciendo añicos sus ideas. Pero tras ese fenómeno puntual se esconde una verdadera alternativa que las elites mundiales temen, y con razón; motivo por el cual se empeñan en reducirla a la expresión de violencia gratuita de los sin causa. Es la globalización que podría ser si la Sociedad de la Información que estamos construyendo no estuviera dominada por una ideología deshumanizada e injusta.

No puede ser de otra manera, cuando toda la globalización dominante se basa en la justificación del capitalismo liberal, de la fuerza del mercado. Qué duda cabe: si el tema fundamental no hubiera sido el mercado, Internet jamás habría hecho acto de aparición en los medios de comunicación de masas como lo ha hecho. Y es que el pensamiento econòmico es el único pensamiento relevante de la Sociedad de la Información que nos proponen. Si a ello sumamos lo que Dominique Wolton denomina “la fuerza inaudita de Internet para despertar utopías” comprenderemos la fascinación que despierta la ideología de la Sociedad de la Información en todos los frentes.

Pero las utopías que levanta Internet son, por ahora, simples castillos en el aire. Mientras la dirección tomada por la actual globalización se dirige sólidamente al desastre. Quizá sea posible vivir por un tiempo sobre la farsa de un Sistema que enriquece a unas pocas docenas de personas mientras genera millones de perdedores. Pero la bomba de relojería que estamos construyendo puede estallarnos en las manos cualquier día porque 4.500 millones de personas, de los más de 6.000 que habitan el planeta, malviven para que los ricos disfrutemos de este engaño.

Y vaya si lo hacemos. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial estàn repletos de individuos convencidos de estar haciendo lo correcto, igual que lo están los despachos de cientos de multinacionales de ética más que dudosa y los pasillos de más de un ministerio de nuevas tecnologías. Igual que nosotros, ciudadanos saciados del Primer Mundo, que seguimos apoltronados en nuestras butacas con el mando a distancia en la mano que nos traslada de producto en producto por el irresistible sendero consumista que el mercado, ahora ya digitalizado, tiende a nuestros pies. Ni dioses, ni razón, ni mercado: a lo que rendimos culto es al placer de la vida vacua y superficial, exenta de problemas de subsistencia y responsabilidades existenciales. Exenta de la necesidad de pensar. Es el culto a la vida fácil. Es la tiranía del placer y la comodidad que está atontando nuestras conciencias.

Contestar a esta entrada