DEL HOMBRE COMPETITIVO AL HOMBRE LIBRE
FUENTE: DESPUÉS DE LA PASIÓN POLÍTICA (JOSEP RAMONEDA).
La ganancia convierte en cuantitativo el sentido del placer, que es algo cualitativo. Pero la fe con que se persigue hace pensar que existe la convicción social de que por el camino de la ganancia se puede llegar a la felicidad. La fórmula política que corresponde a esta quimera tiene nombre de matriz económica: se llama competitividad. Trabajar más y mejor para maximizar la ganancia. Éste es el mensaje que confunde deliberadamente lo colectivo y lo individual. La competitividad sirve para medir las diferencias entre países. Ser menos competitivo va camino de ser considerado una humillación nacional. En realidad, es la confirmación de que el dinero opera como medida de todas las cosas. En unos tiempos en que la política se empeña en asumir una posición subalterna respecto de la economía (y ésta es una de las principales causas de su descrédito), la principal función de los gobernantes es encauzar a los ciudadanos por la senda de la competitividad. La competitividad somete al hombre al resultado y no el resultado al hombre. Ni siquiera alcanzando los objetivos que se le exigen -él no los ha escogido- hay lugar para la satisfacción porque la competitividad siempre pide más. Pura lógica del poder.
Al final de este trayecto el modelo social que se nos propone -el buen competidor- es una recreación de un viejo y denostado personaje. Una versión de diseño del veterano estajanovista que entrega su vida para producir hasta la extenuación, rivalizando con los demás trabajadores sin ninguna solidaridad con ellos, porque uno gana siempre -incluso los honores- a costa de los demás. El estajanovista -fanático o, simplemente, oportunista- actuaba al servicio de la revolución. Al hombre nuevo competitivo se le exige al servicio de sí mismo, dicen, de la empresa y del honor nacional. El esforzado estajanovista tenía como premio el reconocimiento del partido, a nuestro neoestajanovista contemporáneo se le promete promoción y una superior ración de dinero. Progresamos.
Y se sigue buscando con empeño la ganancia porque detrás de ella hay una puerta que conduce al placer. O por lo menos así lo explican los triunfadores, que metidos en la nube ni siquiera pueden entender la demoledora ironía de Marx sobre los poderes taumatúrgicos del dinero que convierte a un jorobado en playboy o a un idiota en el más adulado del lugar.














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