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EL HUMANO Y EL CLIMA: UNA DIFÍCIL RELACIÓN

Fuente:  LOS TRES JINETES DEL CAMBIO CLIMÁTICO, Una historia milenaria del hombre y el clima  (WILLIAM F. RUDDIMAN)

Imagine la Tierra vista desde un satélite. El azul de los mares cubre más de dos tercios del planeta, y la tierra marrón o verde el resto. Blancas plataformas de hielo de más de un kilómetro y medio de espesor sepultan una pequeña fracción, la Antártida y Groenlandia. El hielo marino blancuzco forma un casquete de unos metros de grosor sobre los mares polares, y sus fluctuaciones estacionales en ambos hemisferios siguen ritmos exactamente opuestos (uno es grande cuando el otro es pequeño). Todo aparece rodeado de una fina envoltura azul, formada por la atmósfera con sus volutas de nubes.

En comparación con estas partes fundamentales y enormes del sistema climático natural, las mayores estructuras construidas por el hombre son insignificantes o incluso indetectables a simple vista. Las pirámides, las presas y las carreteras serían invisibles desde el espacio sin telescopios de gran potencia. En la parte de la Tierra que permanece en la oscuridad de la noche, las ciudades más intensamente iluminadas son apenas diminutas islas de luz.

Desde esta perspectiva, la posibilidad de que el ser humano haya producido algún impacto importante en el funcionamiento de estas amplias partes del sistema climático parece ridícula. ¿Cómo podemos provocar cambios de la magnitud de esas inmensas regiones de azul, verde y blanco? Y sin embargo, así es. Hoy en día ningún climatólogo mínimamente creíble duda de que el ser humano ha producido un efecto sobre el clima de la Tierra a lo largo de los dos últimos siglos, fundamentalmente el aumento de las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano. Esos gases atrapan la radiación que emite la superficie de la Tierra al calor del Sol, y el calor de más que queda retenido en la envoltura atmosférica de la Tierra calienta su clima. Como hace un siglo que se viene midiendo el incremento tanto de los gases de efecto invernadero como de la temperatura de la Tierra, el debate sobre el llamado calentamiento global no cuestiona si el ser humano está calentando el clima o si lo hará en las décadas venideras: lo estamos haciendo, y seguiremos haciéndolo aún más durante las próximas décadas, a medida que aumente la concentración de los gases de efecto invernadero.

El único tema seri de debate es: ¿cuánto? ¿Provocaremos que el clima de la Tierra sea apenas más cálido, un cambio apenas perceptible? ¿O alteraremos el sistema climático de forma mucho más extensa, por ejemplo causando la fusión de la mayor parte del casquete glaciar que recubre el mar en el polo Norte y convirtiendo el Ártico en un mar azul? De momento, la respuesta a esa pregunta de “cuánto” no está tan clara.

Otra vertiente del debate sobre el calentamiento global trata sobre si esos cambios serán “buenos” o “malos“. Esta pregunta admite múltiples respuestas, que dependen del sistema de valores de quien la plantea. El mundo es complicado, y cuando se toman en cuenta las numerosas complejidades de un tema como éste, una única respuesta de bueno o malo no basta. Sin embargo, aquí no se trata de los debates políticos o mediáticos actualmente en curso y que de aquí a poco habrán caído en el olvido. Aquí, se sugiere aprender del pasado.

Durante la mayor parte del tiempo que llevamos habitando la Tierra, los seres humanos y nuestros antepasados reconocibles no hemos incidido en el clima. Durante millones de años, nuestros predecesores de la Edad de Piedra, menos numerosos y moviéndose constantemente en busca de comida y agua, no dejaron “huellas” permanentes en el paisaje. A lo largo de ese inmenso lapso de tiempo, el clima cambió por motivos naturales, relacionados fundamentalmente con pequeñas variaciones cíclicas de la órbita que describe la Tierra alrededor del Sol. En pocas palabras: la naturaleza controlaba el clima.

Pero el descubrimiento de la agricultura hace casi doce mil años lo cambió todo. Por primera vez el ser humano podía llevar una vida sedentaria junto a sus cultivos, en lugar de vagar de una lado para otro. Y poco a poco, la mejora de la nutrición gracias al ganado y a esos cultivos más fiables hizo posible un crecimiento demográfico mucho más rápido de lo que permitía aquel modo de subsistencia, basado en la caza y la recolección. En consecuencia, esos asentamientos, cada vez más numerosos y cada vez con más gente, empezaron a dejar huella permanente en unas zonas cada vez más extensas.

Si pudiéramos ver a cámara rápida la evolución de la superficie de la Tierra desde el comienzo de la agricultura, observaríamos un cambio sutil pero importante extendiéndose por el sur de Eurasia durante milenios. En China, India, el sur de Europa y el norte de África, veríamos las manchas verde oscuro convertirse paulatinamente en un verde más claro o en un color pardo verdoso. En esas zonas se construyeron las primeras aldeas, pueblos y ciudades, y se fueron talando progresivamente grandes superficies de bosque verde oscuro para hacer sitio a la agricultura y obtener combustible para cocinar y calentarse, dejando tras de sí los tonos de un verde más claro de los pastos, o los matices pardos de los sembrados.

Hasta hace muy poco, los científicos pensaban que el ser humano sólo empezó a modificar el clima hace cien o doscientos años, a raíz de las efusiones gaseosas de la Revolución Industrial. Sin embargo, el comienzo del traspaso del control del clima de manos de la naturaleza a manos del hombre se produjo hace varios miles de años, y fue consecuencia de innovaciones aparentemente “bucólicas” relacionadas con la agricultura. Antes de construir ciudades, antes de inventar la escritura, y antes de fundar las grandes religiones ya estábamos alterando el clima. Estábamos cultivando.

  1. alonso martin ponce
    Noviembre 12, 2009 a las 1:57 pm | #1

    HOLA:
    Si la temperatura y los vientos cambian no puedo disfrutar del descanso nocturo adecuadamente, si tanto una cosa como la otra se estabiliza, tambien me estabilizo yo y puedo dormir como un bebe, tomo medicamento para dormir pero si se dan los fenomenos atmosferico anteriores ni con medicamento puedo descansar y eso me descontrola el sistema nervioso central.

    gracias

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