EDUCACIÓN PARA LA COMUNICACIÓN Y CIUDADANÍA
Mayo 11, 2009
Fuente: LECTURA DE IMÁGENES EN LA ERA DIGITAL (ROBERTO APARICI/AGUSTÍN GARCÍA MATILLA)
La educación para la Comunicación (E.P.C.) debe entenderse desde una acción interdisciplinar, transversal, integrada, glogal y también ética y política que complete la formación ciudadana de los individuos y que permite recoger lo mejor de cada uno de los enfoques más innovadores de la alfabetización audiovisual y multimedia.
La acelerada conversión al mundo digital nos obliga a unificar criterios acerca de lo que consideramos alfabetización. Ya no podemos limitarnos sólo al audiovisual. Debemos hablar de una alfabetización audiovisual y multimedia estrechamente vinculada con los nuevos territorios de la convergencia digital. Por ese motivo hemos optado por denominar E.P.C. a lo que otros autores denominan Educación para los Medios (E.P.M.)
Como ha recordado Prieto Castillo en sus propuestas, la comunicación sirve: para ejercer la calidad del ser humano, expresarse, interactuar, relacionarse, gozar, proyectarse, afirmarse en el propio ser, sentirse y sentir a los demás, abrirse al mundo y apropiarse de uno mismo. Como el propio autor señala, desde el punto de vista educativo, “cuando uno puede comunicarse en distintas líneas (con las palabras, con el cuerpo, con los sonidos, con las imágenes) a la vez se apropia de sus posibilidades, de sus capacidades” (Prieto Castillo, 2004).
Hablar de nuevas alfabetizaciones en el siglo XXI implica el compromiso de ejercer un activismo vinculado con la realidad, que motive al desarrollo de la creatividad de las personas, global y no parcelado, transformador y no complaciente, dialogante y no autoritario, creativo y no meramente reproductor de viejas formas canónicas que pueden llevar al más inútil formalismo -defensor del arte por el arte-, y siempre alerta con las tentaciones manipuladoras de cualquier tipo de poder.
En España y en otros países esa orientación creativa pero también crítica de la Educación para la Comunicación, se ha visto amortiguada y casi anulada, siendo sustituida por la enseñanza de las denominadas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC). Esto ha llevado a expertos españoles como Alfonso Gutiérrez a plantearse una definición que trascendiera a concepciones sesgadas y parceladas. Gutiérrez hace alusión al concepto de “alfabetización múltiple“. Para él con este concepto “no nos referimos simplemente al tradicional leer y escribir, sino a las destrezas, conocimientos y aptitudes necesarias para vivir plenamente en sociedad y procurar un mundo mejor. Consideramos pues los fines últimos de la educación como contínuo referente en cualquier tipo de alfabetización” (Gutiérrez Martín, 2003).
En Estados Unidos Kathleen Tyner (2004) se ha referido a la doble orientación de una alfabetización informativa, muy relacionada con la biblioteconomía, los ordenadores interconectados y los medios de comunicación digital y, paralelamente, ha hecho mención a una educación para los medios, más frecuentemente vinculada con la televisión, el activismo social y la cultura popular. Tyner refuerza vínculos entre ambas y aboga por que los educadores de medios en Estados Unidos se unan a la comunidad de investigación internacional.
En una reciente publicación hemos definido la E.P.C. como un territorio que debería servir para una mejor intercomunicación entre las personas, favoreciendo las mediaciones y aspirando a dotar a cada individuo de las competencias expresivas imprescindibles para su normal desenvolvimiento comunicativo y para el desarrollo de su creatividad. Asimismo ofrecería los instrumentos para: comprender la producción social de información y comunicación, saber valorar cómo funcionan los mensajes con suficiente distanciamiento crítico, minimizando los riesgos de manipulación. El desarrollo del pensamiento crítico se halla implícito también en esta definición y quizás éste sea el asunto más conflictivo, que ha evitado durante décadas que la E.P.C. no se incluyera en el currículo escolar y fuera marginada en favor de una visión más asépticamente “tecnologicista” y menos comprometida con una educación creativa y promotora de ciudadanía (García Matilla, 2004).
Educar para la comunicación exige también educar en el derecho que todos tenemos a recibir información veraz que no vea sesgada y manipulada a conveniencia de un determinado Estado, Gobierno, institución, o grupo de poder económico, religioso, político, etc.
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