LA CAJA TONTA: NI TONTA, NI INOCUA.
FUENTE: EL ENEMIGO EN CASA, La violencia familiar (JOSÉ SANMARTÍN ESPLUGUES)
Desde luego sólo desde la ignorancia puede sustentarse que la televisión es una caja tonta, inocua. De tonta, nada de nada. Ha llegado a ser el medio a través del cual se fomentan modas y modos, ideas y creencias, opiniones, valores y contravalores. Su poder es tal que se ha llegado a decir que lo que no sale en televisión, no existe. Y algo de cierto hay en esta frase. Existir, existes, pero si quieres llegar a los demás y, en particular, si quieres ser famoso, no es suficiente hoy en día utilizar la cátedra, el libro, el púlpito, el sillón presidencial o el escaño. La televisión es el medio. Quizá la desbanque en un futuro más o menos próximo otra pantalla: la del ordenador. Hoy por hoy la primacía de la televisión es innegable.
Y como suele suceder con cualquier otro producto importante de la tecnología, la televisión tiene un haz y un envés. Su poder para el bien es tan grande, en principio, como el que tiene para el mal. Ya digo, en principio. Evidentemente, la red de múltiples intereses en que se encaja la televisión puede inclinarla de un lado o del otro. Incluso de los dos al mismo tiempo, lo que suele ser ciertamente el caso. Se fomentan valores como la libertad o la solidaridad en unos programas, y las bajas pasiones en otros.
El gran poder de la televisión descansa en el hecho de que las imágenes tocan más el corazón que la razón. Para poner de manifiesto el carácter cruel e injusto de una guerra, basta con mostrar la imagen de un niño al que un obús ha destrozado las piernas, o los brazos, o… lo ha matado. ¿Quién de mi generación no recuerda la imagen de aquella niña vietnamita, desnuda, corriendo despavorida de las propias quemaduras que le había producido una bomba de napalm? Leer más…














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