Posts filed under 'Literatura'
LA EDAD MEDIA EN ESPAÑA: PRINCIPIO DE LA ESPAÑA EXCLUYENTE Y FIN DE LA ESPAÑA EXCLUIDA
FUENTE: No hubo una Edad “Media” española by Daniel Eisenberg.
He dejado de enseñar la literatura española medieval. Aunque comencé como medievalista, con una tesina sobre la General Estoria de Alfonso X 1, he cambiado mi carrera a otros campos de investigación y de enseñanza.
En parte, mis experiencias han sido especialmente agudas porque enseño principalmente a estudiantes extranjeros — norteamericanos en su mayor parte. Estos estudiantes dominan imperfectamente el castellano. No entiendo en qué estarán pensando los que diseñan programas de estudio que comienzan con el Cid. Para estos estudiantes, su primer contacto con otra cultura que la suya, a veces su primer contacto con la literatura escrita, es este texto lingüística y culturalmente remoto.
He pensado muchas veces que la historia de la literatura debería enseñarse al revés, comenzando con las obras actuales, las más cercanas a nosotros, las más accesibles. Después pasando a estudiar sus antecedentes, sus fuentes, sus modelos y por último, como remate o como curso avanzado, las tinieblas de la literatura oral de la que ha descendido toda la literatura escrita. No se hace así, y acaso podéis imaginar el absurdo que es comenzar la enseñanza de la cultura española con el Cantar del Çid o peor todavía, las jarchas. Pero es la realidad.
No es sólo una cuestión de enseñar a extranjeros, o de cómo enseñarles. Al pasar los años, me ha molestado cada vez más la temática de algunas de las obras que tenía que enseñar. Las Coplas de Jorge Manrique enseñan que se gana el cielo con sangre de moros. En el Cantar, Rodrigo Díaz de Vivar estafa a judíos, mata a moros y cobra parias como si fueran justas y normales. No hay nada paralelo en las otras literaturas cristianas peninsulares, ni en la literatura hispanoárabe — aunque sí, curiosamente, en la hispanojudía. (más…)
2 comments Julio 28, 2009
UN PASEO HISTÓRICO POR EL PARÍS REBELDE
Fuente: PARÍS REBELDE (IGNACIO RAMONET / RAMÓN CHAO)
El escrito que hoy traigo a este rincón es un estracto de la obra París Rebelde que, según podemos leer en la contraportada del libro, es una guía para leer la ciudad de una forma diferente: “Al grito de ‘¡La imaginación al poder!’, la revuelta estudiantil de mayo del 68 no hacía sino recoger una larga tradición: desde la Revolución de 1789, París es la ciudad del mundo en que se han producido más revueltas populares, insurrecciones y levantamientos de repercusión universal. Un carácter revolucionario que se refleja también en lo literario y artístico, pues en esa ciudad nacieron muchos movimientos estéticos contra el orden establecido: realismo, simbolismo, impresionismo, dadaísmo, cubismo, surrealismo y demás vanguardias.”
RUE SAINT-JACQUES, V. JACQUES VILLON
La rue Saint-Jacques pasa por detrás de la Sorbona. Basta con rodear este edificio para entrar en la pista que llevaba a los peregrinos desde la torre a Compostela.
Aquí fue torturado y quemado vivo Jacques de Molay, el Gran Maestro de los Templarios. Felipe IV el Hermoso codiciaba las riquezas de los hermanos del Temple y quería vengarse porque habían luchado contra él en Courtrai. El 13 de octubre de 1307 el rey mandó arrestar a todos los templarios de Francia por sodomitas, sacrílegos, idólatras y no sé cuántas aberraciones más. (más…)
Add comment Marzo 20, 2009
EL REINO DE LOS SIGNOS
Fuente: LA REBELIÓN DE LOS SIGNOS, El alma de la letra (JOAN COSTA/ DANIEL RAPOSO)
El universo de los signos es un misterio. Nosotros vivimos en un mundo de signos y un mundo de signos vive en nosotros. Ellos son especialmente enigmáticos, mucho más -sin duda- que las imágenes. Porque los signos no imitan el mundo de las cosas visibles. Surgen del pensamiento simbólico y de la abstracción de las formas.
Las imágenes se muestran y nos muestran su filiación con las cosas que representan; por eso podemos relatar con palabras qué hay en una imagen, decir qué vemos en ella. Los signos, por el contrario, sólo se muestran. Pero no revelan su significado sino sólo a quienes poseen las claves, el código. Nada hay más corriente que reconocer las letras de nuestro alfabeto. Pero nada más inquietante que una serie de signos de los que no podemos extraer su sentido. Cuanto más secretos, más nos fascinan.
¿Qué vemos en unos caracteres chinos, o árabes, aparte de la belleza enigmática de sus formas? Esos ideogramas son el único arte abstracto en el cual la forma y el significado se unen y se completan recíprocamente: cada signo tiene una significación bien definida, un sonido único, una historia. “Independientemente de su belleza simbólica, estos signos tienen una virtud esotérica, iniciática, cuyo rigor no le cede nada al del álgebra y de la gramática” (Fosco Maraini, 1959). En efecto, los signos son un lenguaje dotado de un poder secreto.
Si Marcel Duchamp decía que la obra de arte la hace quien la contempla, el significado del signo lo hace quien lo percibe. Pero hay una diferencia abismal. La sensibilidad emocional y estética bastan para sentir el goce artístico ante los girasoles de Van Gogh. Pero no son la llave que abre los secretos de los signos de la Alquimia. El enigma sigue allí, insondable. (más…)
2 comments Marzo 11, 2009
EL MAGO-MOSTRUO DE LOS PERFUMES (NACIMIENTO)
FUENTE: EL PERFUME (PATRICK SÜSKIND)
En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aquí relateremos su historia. Se llamaba Jean-Baptiste Grenouille y si su nombre, a diferencia del de otros monstruos geniales como De Sade, Saint-Just, Fouché, Napoleón, etcétera, ha caído en el olvido, no se debe en modo alguna a que Grenouille fuera a la zaga de estos hombres célebres y tenebrosos en altenería, desprecio por sus semejantes, inmoralidad, en una palabra, impiedad, sino a que su genio y su única ambición se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: al efímero mundo de los olores.
En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y a excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaban la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.
Y, como es natural, el hedor alcanzaba sus máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronnerie, o sea, el Cimetière des Innocents. Durante ochocientos años se había llevado allí a los muertos del hospital Hôtel-Dieu y de las parroquias vecinas, durante ochocientos años, carretas con docenas de cadáveres habían vaciado su carga día tras día en largas fosas y durante ochocientos años se habían acumulado los huesos en osarios y sepulturas. Hasta que llegó un día, en vísperas de la Revolución Francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cadáveres se hundieron y el olor pútrido del atestado cementerio incitó a los habitantes no sólo a protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin cerrado y abandonado después de amontonar los millones de esqueletos y calaveras en las catacumbas de Montmartre. Una vez hecho esto, en el lugar del antiguo cementerio se erigió un mercado de víveres. (más…)
4 comments Septiembre 23, 2008













