EL TIEMPO
FUENTE: LOS BANCOS DE TIEMPO, Experiencias de intercambio no monetario (CAROLINA RECIO/ ELVIRA MÉNDEZ/ JOSEFINA ALTÉS)
El tiempo es una variable que cada vez está más presente en diversas áreas de estudio de las ciencias sociales. Una de las formas de aproximarse a ésta es mediante el estudio de los tiempos de vida de las personas, pero teniendo en cuenta la perspectiva de género. Hace ya bastantes años que desde la economía, la sociología, la historia y otras ciencias sociales, distintas voces expertas nos advierten de la preexistencia de desigualdades por razón de género. Unas desigualdades que se tornan reales y se pueden captar, por ejemplo, mediante el estudio de las desigualdades de género en el mercado de trabajo.
Desde hace ya algunos años el tiempo ha pasado a formar parte de muchos análisis de la realidad social, y, no sólo, como decimos, de los estudios en las ciencias sociales, sino también en el ámbito político, donde se están realizando diversas acciones públicas que sitúan el tiempo en el centro de la acción pública. Por ejemplo, las tan recurridas políticas de conciliación de la vida familiar y la vida laboral no dejan de ser políticas de regulación del tiempo laboral. En parte muchas de ellas beben de las reivindicaciones de los grupos feministas que reclamaban por unas políticas más amables con el tiempo de las mujeres, especialmente para aquellas que debían hacer compatibles sus tiempos de vida con sus carreras profesionales. Y son las mujeres italianas, ligadas a los partidos de la izquierda, las primeras que empiezan a pensar en el tiempo como medida de bienestar.
Estas voces expertas también nos advirtieron de la división sexual del trabajo, que, por un lado, supuso una ruptura conceptual con el concepto tradicional de trabajo (que lo vinculaba a la ocupación) y, por el otro, definía un modelo social. Los hombres se dedicaban al mundo público, al trabajo de mercado y, así, obtenían reconocimiento social y derechos de ciudadanía. Las mujeres trabajan en las casas realizando el trabajo doméstico y familiar, un trabajo que no se consideraba como tal y que, por lo tanto, no era una fuente ni de reconocimiento social ni permitía obtener derechos de ciudadanía. No quiere decir que las mujeres no trabajaran, sino que sus actividades eran invisibles y no consideradas como tal. Una situación que hace ya más de veinticinco años algunas científicas sociales empezaron a denunciar, ya que aquellas actividades vinculadas al trabajo doméstico eran esenciales para el bienestar de las personas, y esencial para la reproducción de la mano de obra. Leer más…




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